Las vendedoras ambulantes eran de armas tomar

Rastros de rostros

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Las vendedoras ambulantes eran de armas tomar. Y esa feminización no es un capricho, ni reverencias a lo correcto, es más que obligada pues bastantes de los que se dedicaban a esas faenas eran mujeres con críos a cuestas. Abundaban en el barrio. Entre otros motivos, la venta ambulante era un modo de sacarse algo para ir tirando, fuera como primera entrada de dinero o como complemento a los escasos jornales, cuando los había, que procedían de otros miembros de la familia, fueran mujeres u hombres. Además aquella venta, que también tenía sus fases previas de llenar antes el pañuelo de “fer farcells” que se cargaba a hombros o los capazos y cestos, era un escape al trabajo en recintos cerrados (sin ver el sol ni por asomo, diría Juan) y al despotismo de capataces, encargados y patronos. Además era igualmente una manera de abaratar la supervivencia de muchos, frustrando…

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